De tenabaris y metales


por Carlos Morales
Museo Regional del Valle del Fuerte
Los Mochis, Sinaloa

José Rodríguez posee una rara combinación de aptitudes y capacidades: igual toca la guitarra, que canta, educa y es un fotógrafo versátil, sus trabajos nos muestran con grandilocuencia la búsqueda apasionada por comprender a otros, y el empuje, el afán, el instinto para revelar modos que nos permitirán a todos nosotros comprender nuestras mutuas esperanzas y necesidades -nuestras vidas, mutuas vidas- que los mejores fotógrafos de la actualidad ponen en su obra.

A la primera ojeada, es claro que estas fotografías suministan una rica experiencia a todos aquellos que se deleitan con la densidad de nuestro pueblo. Pero estos documentos estéticos van más allá de toda frontera geográfica y cultural, pues ellas reflugen con una cierta dignidad universal, aún elegancia, de espíritu.

El modo de ver de José Rodríguez transforma los objetos en familiares y rústicos, las figuras y actitudes mas humildes en visiones de elevación, gracia y valor heróico.

Con esta obra, me atrevo a decir que José Rodríguez se convierte en un cronista del paisaje regional, compartiendo considerable terreno estético con ese gran artista nacido en Budapest, And´re Kertesz, quién fué conocido en los años veite como el cronista fotográfico de las calles de París. Estos dos hombre ven un potencial revelador de la escena indígena mas común, en el gesto mas simple -en los ojos y el cuerpo de una mujer, en la luz que cae en la mano de un obrero-.

Eso pienso, eso creo, no se…

 



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Pulir la flor con la mirada


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